rené soluciones para un hogar saludable y eficiente.

No hay productos en el carrito.

Trucos para hacer tu casa más saludable

Hace un tiempo escribimos el artículo ¡También somos lo que respiramos! para el portal Soy Como Como.  Hoy reproducimos en nuestro blog.  El objetivo seguir concienciando sobre la importancia de cuidar el aire de los espacios que habitamos.

Filtramos alrededor de 15.000 litros de aire al día. Mayoritariamente, mediante la respiración a través de los pulmones. Somos seres vivos en permanente interacción con todo aquello que nos rodea. Todos los orificios de nuestro cuerpo son objeto de relación con el exterior. Existe un interés por divulgar la salud en base a los alimentos que ingerimos por la boca. ¿Por qué no ampliar la mirada al aire con el que también nos “alimentamos”?

Los gases y partículas en suspensión no son visibles a la vista. Esta incapacidad de percepción nos ciega frente a la realidad. Inhalamos un cóctel complejo de compuestos, no todos beneficiosos. Nuestra mochila tóxica no solo se colma de ingredientes que ingerimos; la calidad del aire que respiramos es de suma importancia. En especial la calidad del aire interior de los espacios que habitamos.

¿Sabíais que el interior de las viviendas generalmente está más contaminado que el aire que nos rodea, incluso en las ciudades? Esta evidencia puede sorprender. ¡A nosotros nos pasó! Sentíamos que las paredes de nuestro hogar eran un refugio frente a la contaminación externa. Vivir en una zona rural no exime de esta afirmación. La contaminación también se ha globalizado y las corrientes de aire pueden transportar masas de aire contaminadas lejos de su origen.

El microclima interior depende de la composición del aire, temperatura, humedad y electroclima. Parámetros similares a los que utilizan los meteorólogos para determinar el clima de un entorno. ¡Os animamos a convertiros en pequeños meteorólogos de vuestro hogar! Desde René esperamos ofrecer, en breve, el servicio de venta y alquiler de estaciones meteorológicas con mediciones de niveles de CO2 y COV (cuerpos orgánicos volátiles) para iniciar esta práctica de prevención en los hogares. Entre tanto, facilitamos unas sencillas recomendaciones de aplicar, sin grandes inversiones, relacionadas con el uso que hacemos de nuestros espacios. Ofrecer una lista de recomendaciones nos parece más constructivo que hacer otra de componentes tóxicos. Podemos dedicar otro artículo a escanear nuestras viviendas y conocer el origen de estos componentes y catalogarlos. Hoy, nuestra intención es otra: incentivar buenas prácticas al alcance de todos.

Generar un microclima saludable en el interior de nuestros espacios habitables es fuente de salud física y mental. Trataremos a continuación la calidad del ambiente interior desde el uso de los espacios. Recordad que los materiales de construcción y la envolvente también juegan un papel muy importante.

Ventilar debería ser un hábito diario como la ducha. En función del uso del espacio seguramente no basta con una ventilación diaria. Si nos preocupa el consumo energético en invierno, basta con abrir ventanas opuestas y generar una ventilación cruzada para aumentar la velocidad de renovación del aire. Nuestra experiencia confirma que la ventilación en numerosas ocasiones es inexistente. Lo delata el ambiente y también las humedades. Es especialmente importante en baños y cocinas, ya que son los espacios que generan más humedad y vapor de agua. Usemos la campana extractora mientras cocinamos; evitaremos la inhalación de los gases de combustión y humos. ¡La ventilación es el recurso más económico y fácil para reducir la carga tóxica del hogar! En el exterior, la ventilación permanente mitiga las altas concentraciones, a excepción, de los días con inversión térmica. Si ventilamos el interior mitigaremos también las altas concentraciones.

Casi todas las metodologías de armonización reservan un capítulo al orden y limpieza. La suciedad genera un “chi” de poca calidad. El polvo aumenta las cargas electroestáticas y las partículas contaminantes en suspensión. “Primero ordena tu casa y conserva los objetos que te hagan feliz”, como enseña Marie Kondo en su best-seller La magia del orden. Desechando lo que no necesitamos, facilitaremos el orden y el mantenimiento del hogar. Evitar escobas y plumeros para limpiar, para garantizar que las partículas más pequeñas no retornen al ambiente; aspirar y limpiar con gamuzas humedecidas (mejor si el aspirador dispone de filtros HEPA).

Especialmente los productos agresivos para la limpieza del hogar, insecticidas y ambientadores. No olvidemos los artículos del hogar y decoración: desde un trapo de cocina hasta las cortinas y el mobiliario. A la hora de adquirir un producto nuevo, optemos por materiales naturales. Os animamos a sustituir la extensa colección de productos de limpieza innecesarios y agresivos por otros tradicionales, económicos e innocuos como el bicarbonato, vinagre y limón. El entorno es el jardín más grande del que disponemos. Si limpiamos la casa ensuciando el exterior seguimos incidiendo desfavorablemente en nuestra salud. Frente a los insectos indeseables, poned mosquiteras bien en las ventanas, bien en la cama. Así evitaréis insecticidas peligrosos y productos no deseables para la piel. Otro consejo es mantener la casa limpia y sellar todos los posibles agujeros para evitar la visita de animales no deseados, como cucarachas. Por otro lado deberíamos empezar a establecer una relación más afectuosa con los animales que nos rodean: moscas, mosquitos, hormigas, avispas, abejas. ¡Ojo con los inciensos y velas! Mejor velas de cera de abeja y mecha de algodón. Para ambientar la vivienda, es mejor pulverizar con una disolución de agua, alcohol y unas gotas de aceites esenciales. Otra opción es pulverizar directamente agua floral.

Colocar plantas. Son depurativas frente a diversos componentes tóxicos. Los procesos biológicos se desarrollan mejor en condiciones de aire cargados con iones negativos. En espacios excesivamente insalubres como una casa en la que se fuma sería recomendable un ionizador que no emita ozono. Apagar la wifi y desconectar los aparatos en desuso para preservar la calidad iónica del aire.

Sobrepasar los extremos no es recomendable. Una humedad baja aumenta la carga electroestática, la concentración de polvo, reduce la carga iónica y reseca las vías respiratorias; pero un aire demasiado húmedo predispone la proliferación de moho y otros parásitos. Las humedades por condensación que identificamos con las manchas negras son fuente de contaminación biológica y requieren de un saneamiento urgente y medidas correctivas para eliminar las causas. Separar unos centímetros los muebles de paredes exteriores –sobre todo sin aislar– y ventilar los espacios son medidas que mitigan su proliferación.

A temperaturas bajas, mayor concentración de iones negativos. Priorizar la calefacción por radiación. Disminuir el uso de climatizadores sin olvidar el mantenimiento de limpieza. Aunque la presencia del fuego produce grandes beneficios, son mejor las chimeneas estancas. Mantener limpio el tiro reduce los compuestos tóxicos derivados de la combustión. Evitar calefactar uniformemente las estancias tomando como ejemplo las condiciones de temperatura oscilante (luz-sombra) de la naturaleza. Estimularemos y reforzaremos el sistema inmunitario.

trucos-casa-saludable-rene